Parte 1.
Y de repente me encuentro con un nudo en la garganta de esos que no te dejan respirar ¿sabes que hacia meses que alguien no me quitaba el sueño, ni me hacia sudar las manos, ni me producía gastroenteritis aguda? Pues bien todo eso me pasaba el lunes a las 19:15 de la tarde que es justo cuando tu entraste de nuevo en el despacho de mi jefe porque quería hablar contigo... Y lo peor de todo es que yo que sabia desde el viernes que el lunes volveríamos a vernos y me pase todo el fin de semana odiando la disminuida velocidad de ese reloj de pared que tengo en el salón...
Y así fue cómo sucedió, con el casco en la moto, y la cazadora, con las zapatillas de cordones naranjas que tantas veces me he metido con ellas, y una cara de tristeza absoluta. Odio tu cara de tristeza cuando no puedo preguntarte porque estas triste. Entras a la sala de espera, que esta a tope de gente citada con mi jefe, que ha sido el tuyo también estás cuatro últimas semanas, o no, a veces es lo bueno de ser autónomo es que nadie te toca suficiente los cojones. Pasas a mi despacho. Me saludas y yo que me he propuesto olvidarte, dejarte ir, porque empiezas a lastimarme las amigdalas, te lanzo un hola ignorante mientras sigo con mis cosas, creo que te enfadas y te sientas en la entrada a esperar nuevas órdenes. Me paso la media hora que tu estas esperando andando de aquí para allá para que me veas el suéter azul de bolitas que te gusta, o al menos eso me dijiste un día que comíamos galletas devoragrasas entre la puerta de entrada y la biblioteca...pero a la vez quiero que desaparezcas de mi vida de una vez. Entras en su despacho y se hace el silencio... me muero por que te quedes. Vuelvo a mi ordenador, haciendo cuentas todo pasa más rápido, entras y te acercas al despacho de Leonor, justo al lado del mio, vuelvo, le dices, quería más estructuras para la oficina de aluminio y unos retoques más, me llevaran dos o tres semanas, escucho toda vuestra conversación...
Estoy tan jodida y tan contenta que no sé que decir, te acercas, me das la tarjeta de tu empresa de chapuzas, con tu móvil subrayado...vuelvo en unos días...pero sigues sin sonreír..y en toda la semana no sé nada de tus cordones naranjas, ni de tus manos frías sobre mi cara cómo aquella vez que lo hiciste con el absurdo pretexto de demostrarme el frío que hacia en la calle viniendo en moto... y yo no pienso llamarte, aunque tenga la tarjeta entre mis manos durante toda la semana. Y desde entonces hasta hoy no has vuelto...
Otro fin de semana más con gastroenteritis...
Vuelvo a la literatura juvenil...


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