Y ahí me encuentro yo, sentada en mi aburrida mesa de despacho, como cada día, leyendo la prensa, como cada día, ojeando las facturas del adinerado de mi jefe, como cada día, ingiriendo altas dosis de cocacola light, como cada día y por supuesto esperando su aparición estelar por la puerta, como cada día desde hace unas semanas...y el parece que se hace de rogar... hasta hoy a las 16:35...justo en ese momento un suspiro enorme me llena las tripas...
Y ahí esta él, con su cazadora, su casco de moto, sus cordones naranjas, su sonrisa infinita y su mirada imprescindible para mi tranquilidad.
Y en ese instante vuelvo a sentir esa sensación, la que sentí hace tres años ya, una especie de angustia y felicidad desbordante... y te sonrío, lo justo que me permiten mis ganas de dos semanas de tenerte delante y sentirte. Y me devuelves la sonrisa...y parece una jodida peli de vísperas de san valentin y eso me encanta...y al irte rozas mi mano, sin querer, pero adrede, y el intercambio de energías es brutal, casi se puede percibir por el resto de personas que están en la misma sala, y entonces todo vuelve a recobrar sentido...


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